Los tres hombres caminaron en rígida formación hacia el fondo de la librería, justo donde yo me encontraba. Se detuvieron justo a un palmo del mostrador. Los dos policías se situaron detrás del que parecía ser un inspector o alguien importante.
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Buenos días, ¿es usted Jake Mathew?
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Si, soy yo – conteste con desconfianza -¿Qué desean?
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Soy el Señor Stevenson, inspector de policía y estamos investigando un suceso.
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¿Suceso? ¿Tiene que ver conmigo?
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Aun no lo sabemos y, por favor, las preguntas las hago yo.
El hombre de la gabardina saca una pequeña libreta y una pluma y empieza a escribir. Su tono de voz denota que es una persona frívola y sin escrúpulos, uno de esos tipos con los que uno desearía no cruzarse nunca.
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¿Conocía a una señorita llamada… Miselle Villefomt?
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Si…-respondí con inseguridad- alguna vez contrate sus servicios.
¿Miselle? No tarde demasiado en responder ese mismo nombre había pensando minutos antes cuando hablaba de ella. ¿Qué tiene que ver ella en todo esto? ¿Y porque vienen a mí?
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Muy bien. ¿Y la había visto hace poco?
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No hace tiempo que… no frecuento esos ambientes.
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Muy bien – respondió sórdidamente.
Parecía estar anotando punto por punto nuestra conversación en su libreta. La pluma parecía bailar en la hoja; como si fuera un compás cada poco tiempo la pluma parecía descender un poco más hasta llegar al fondo. Cada vez que bajaba la pluma iba moviéndose con menos velocidad debido a la dificultad de su dueño por escribir con la libreta en su mano.
Después de un par de preguntas e irritado por su actitud le pregunte si le habia pasado algo. “Esta muerta”, es lo único que supo decirme después de dejar la pluma y mirarme fijamente. Después siguió preguntándome y haciendo bailar la pluma.
-¿Sabes quien a podido comer el crimen?
- ¿Es que la asesinaron?- pregunte contrariado
- ¡Le repito que aquí hago yo las preguntas!
Los dos policías de atrás, que hasta ahora parecían estar absortos en mirar a otra parte se inquietaron. Estoy seguro que ellos conocen mejor que yo al inspector y no es bueno hacerle enfadar. El de la derecha, un policía que parece bastante joven para ser policía gira la cabeza como intentando buscar a alguien en la tienda que le ha llamado.
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Creo que seria conveniente que nos acompañe a comisaría. Aun tengo que hacerle algunas preguntas.
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¿Pero porque? Yo no he hecho nada… ¿Acaso creen que fui yo?
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No señor Mathew pero puede tener relación con usted.
Se guardo la libreta en un bolsillo interior de la gabardina y se dio media vuelta. En esos instantes los dos policías se pusieron firmes mirando al frente.
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Por favor señores, escolten al señor Mathew hasta la comisario
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Si señor- respondieron los dos al unísono..
¡No podía creérmelo!, inconscientemente me fui alejando hasta chocar con la pared que había detrás mía. ¿Qué querían de mí? Esos dos policías rodearon el mostrador y se me pusieron uno a cada lado. Me pidieron por favor que los acompañara sin resistencia.
No tuve tiempo de coger ninguna cosa cuando ya estaba saliendo por la puerta de mi librería. Allí se había formado un pequeño tumulto debido al coche de policía aparcando en frente. Muchos de los transeúntes observaban curiosos y cuchicheaban preguntándose que había pasado. Yo, aun sin saber que estaba pasando, salí sin hacer demasiado caso a la turba. Cuando levante la cara vi algunos rostros conocidos, entre ellos estaba mi vecina, la señora Parkist, una vieja mujer muy amable y dulce que siempre había sido muy amiga de mi tía.
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Por favor señora Parkist, ve a buscar a mi tía. Dígale que estoy bien y que no he hecho nada.
Fue lo único que atine a decir y lo único que conseguí es un empujón de uno de mis guardias, pues así empezaba a verlos, que se apresuro mas en meterme en la parte de atrás del carruaje. De un tirón el carruaje se puso en marcha con dos policías y yo metidos en la parte trasera. El cochero dirigió el carro calle abajo hasta girar en una esquina. En ese instante deje de oír el ruido de la muchedumbre alrededor de mi tienda. No recuerdo bien por que calles circulamos pero el trayecto duraría unos eternos quince minutos.
